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Como sin darnos cuenta, ya pasó el verano y el octubre llega después de un septiembre que ha dado bastante de si.Aún hay tiempo de ir a la playa, bañarnos y salir rápido del agua, todavía queda alguna fiesta donde refugiar nuestras ansias danzarinas, pero Ibiza se va sumiendo inexorablemente en el túnel del tiempo que son las estaciones y ahora nos toca apearnos en la siguiente parada: el otoño. El otoño es un buen mes para los poetas.También para echar las cuentas; ya hemos recogido lo que sembramos meses atrás: el turismo ha dejado su huella en dinero, las almendras y las algarrobas ya están en los sacos y la maría ha crecido para alegrarnos las largas noches que se avecinan.Igual que las hormigas, ahora toca descansar y dejar pasar los días con la suave inconsciencia tan típica de este período. Ibiza en otoño se carga de una luz increíble, y sus puestas de sol son las más bonitas del año.La terrazas se van vaciando, el verano nos parece un sueño y algo de rutina y normalidad va dando forma a nuestras vidas.Ya se marcharon los amigos que vinieron a vernos; tan sólo son un recuerdo las locuras que hicimos; la lluvia, el frío y la humedad tejen un telón que cierra y enmarca esta etapa del año. El tiempo en otoño pasa mucho más lento y la experiencia parece ser más sabia.Vemos llover y sacamos los edredones del armario.Encendemos la chimenea, ideamos viajes y empezamos a sentir una sutil añoranza por el calor y el veranito, que se va borrando de nuestras mentes. Todo es posible en otoño.Acércate al vecino y dile que simplemente has ido a hablar con él, sonríe con aristocracia desdeñosa a los que te pongan mala cara, ayuda a llevar las bolsas a quien veas demasiado cargado, zámpate los días con el hambre que corresponde a los que hemos tenido la suerte de vivir la época.Otoño ya está aquí, y en Ibiza no tenemos Corte Inglés. |